Antes de explicar cómo llegamos hay algo importante a contar, Cinque Terre es un conjunto de 5 pueblos colgados sobre los acantilados del mar de la Liguria, donde todo parece desafiar la geografía. Monterosso al Mare, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore forman este paisaje único, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1997. Está lleno de Casas de colores, terrazas de viñedos sobre pendientes y caminos que conectan pueblos donde el auto es casi inexistente.
Si viendo la imagen te viene a la mente la frase "¡Silencio Bruno!", de la película Lucca, no es casualidad. La película está ambientada en esta zona de Italia.
Como llegamos a Cinque Terre
Hay tres posibilidades, Auto, tren o bus. Nuestra primera idea era alquilar auto, libertad para parar donde uno quiere y pasear por un pueblo en especial, pero la realidad es otra tras investigar:
- El acceso en auto está muy limitado.
- Los estacionamientos son de pocos lugares y en uno de los pueblos a más de 1 km y medio, además poco económicos.
🚗 Alquiler de auto: ¿Vale la pena para Cinque Terre?
Aunque nosotros elegimos el tren por la practicidad extrema en esta zona específica, el alquiler de auto en Italia sigue siendo una de las opciones más económicas y flexibles para moverte entre otras regiones o si viajas en grupo.
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Entre las opciones de bus y tren, la mejor es el tren, demora menos y es más económico.
Así que desde Milán nos tomamos un tren a Monterroso al Mare, pasando por Génova, sin trasbordo, mejor balance tiempo/comodidad/dinero.
Llegada a Monterosso al Mare: primera impresión
En Monterosso al Mare lo primero que nos llamó la atención fue algo muy práctico: la estación de tren está un nivel más arriba que la rambla costanera. Bajamos en ascensor con las valijas y en cuestión de minutos ya estábamos caminando junto al mar.
Dato clave: el terreno es bastante plano, con una rambla ancha. Moverse con valijas acá es sorprendentemente fácil, lo mismo con coches de bebé.
Fuimos directo al famoso Il Gigante... Después de recorrer la zona, vimos algo que nos desvió completamente el plan: un casamiento frente al mar. Montaje impecable, gente elegantísima... y justo enfrente, una heladería. No lo dudamos: helado en mano, nos sentamos a mirar la escena.
Continuamos caminando por la costanera. Un paseo hermoso. Nos cruzamos con la novia del casamiento y sus allegados. Fuimos a comer a un lugar que no defraudó: Bar da Stasiun.
Y ahí pasó uno de los momentos más auténticos del viaje: El novio apareció con sus invitados cantando y bailando... Italia en su esencia pura. Cantaban algo que sonaba como “pizza proletaria per tutti, viva la revolucione”. No entendíamos nada… pero se entendía todo.
Rumbo a Vernazza: El imprevisto en el puerto
Nuestro plan era seguir el recorrido en ferry hasta Vernazza, donde teníamos el alojamiento. Caminamos hacia el puerto atravesando el Túnel de Monterosso, un paso peatonal muy decorado que conecta la zona moderna de Fegina con el casco histórico y el muelle.
Al llegar, nos encontramos con la sorpresa de que el ferry no salía por el viento y el mar revuelto. Este detalle es crucial en Cinque Terre: el transporte marítimo es impredecible.
A diferencia del tren, los ferrys dependen totalmente del estado del mar y suelen cancelarse con facilidad ante el oleaje, lo que obliga a los viajeros a tener siempre el tren como alternativa logística inmediata.
Antes de dejar Monterosso, vimos la Torre Aurora y un antiguo búnker alemán construido como punto estratégico. Un detalle histórico que pasa desapercibido si no sabés dónde mirar.
En verano, sin duda, elegiríamos Monterosso al Mare para quedarnos, debido a que de todos los pueblos de Cinqueterre, es el único que tiene playa.
Tarde y noche en Vernazza
Llegamos a Vernazza y nos costó encontrar el alojamiento, por suerte teníamos datos en el exterior (eSim de BNeSim) para contactar con el alojamiento. Valió la pena la elección: ubicación céntrica y a nivel accesible (sin escaleras interminables).
Muchos alojamientos están en lo alto del pueblo, lo que implica subir y bajar escaleras empinadas constantemente. Después de verlo en vivo, confirmamos algo:
👉 En Vernazza, la ubicación vale más que cualquier otro factor.
Dejamos las valijas y salimos a explorar.
Primer contacto: intensidad, mar bravo y mucha gente
La calle principal estaba completamente abarrotada de turistas.
Caminamos hacia el puerto y ahí el paisaje cambió: el mar estaba bravo, golpeando con fuerza contra las rocas y generando un espectáculo bastante hipnótico.
Seguimos hacia la plaza principal, rodeada de cafés, trattorias y tiendas. Un ambiente muy similar al que se ve en la película de Lucca cuyo director vivió tanto en Monterosso como en Vernazza y quiso homenajear estos pueblos.
Llegando al mar, nos concontramos con la icónica iglesia Santa Margherita di Antiochia.
La iglesia tiene una arquitectura muy particular, con columnas robustas y una ubicación que la convierte en una postal clásica del lugar.
Las columnas de piedra, los vitrales y la vista desde las ventanas al mar te tranportan a otro tiempo, si puedes nos cuentas la experiencia.
Subida a la torre Doria: la mejor vista de Vernazza
Decidimos subir hacia lo más alto del acantilado, por escaleras estrechas que te hacen sentir cada paso.
El destino: la torre del castillo Doria.
La entrada es económica (unos 2 euros) y vale totalmente la pena.
La torre cilíndrica es lo que queda de una antigua fortificación de la familia Doria, que servía como punto de control contra piratas.
La subida final es exigente, pero la recompensa es clara:
👉 una vista panorámica de Vernazza, los acantilados, los viñedos y parte de Cinque Terre. De esas que justifican el viaje.
El otro lado de Vernazza (el que pocos muestran)
Al bajar, seguimos explorando y terminamos tomando un camino opuesto al castillo, subiendo por detrás de la iglesia.
Ahí apareció una de las mejores sorpresas del día.
Desde ese ángulo, la cúpula de la iglesia se ve de costado, con los viñedos de fondo y la torre Doria iluminándose al atardecer.
Una postal distinta. Menos conocida. Pero, sinceramente, de las más lindas.
Seguimos caminando hasta una casilla de acceso a senderos pagos (ya estaba cerrada) y, con la noche cayendo, decidimos bajar.
Cuando se van los turistas, aparece la magia
Y acá Vernazza cambia.
La multitud desaparece, el ritmo baja y el pueblo se vuelve mucho más auténtico.
Aprovechamos para probar algo típico: un cono de mariscos y otro de papas fritas, compartido (porque lo frito no es lo nuestro… pero había que probar). Y, por supuesto, helado de postre.
Cierre del día: simple, real y perfecto
Con la calle principal ya despejada, seguimos caminando hacia zonas más tranquilas del pueblo, cruzando incluso por debajo de las vías del tren.
Ya cansados y con algo de hambre, preguntamos en Focacceria da Sonia si quedaba algo.
Nos prepararon en el momento unos sándwiches de jamón crudo y rúcula. Simple, fresco y espectacular.
De paso, ya coordinamos ahí mismo el desayuno del día siguiente.
Amanecer en Vernazza - barcos que siguen sin salir
Al amanecer en Vernazza intentamos nuevamente ver si salían barcos hacia Riomaggiore.
Pero no.
El mar seguía demasiado bravo para navegar.
Así que, después del check-out, volvimos a lo seguro: tren.
Antes, pasamos por Focacceria da Sonia a comprar desayuno. Simple, fresco y muy bien atendido. Un acierto total.
Riomaggiore: perderse también es parte del viaje
Al llegar a Riomaggiore, dejamos el equipaje en una consigna cerca de la estación. Y acá un detalle muy real de viaje: 👉 negociamos el precio… y terminamos pagando la mitad (2x1). Italia también es eso.
Primeras impresiones: postal perfecta (y mucha gente)
Riomaggiore es todo lo que imaginás: casas de colores, puerto pequeño y esa estética vertical tan característica.
También es el punto de inicio de la famosa caminata hacia Manarola por la Via dell’Amore.
Nuestra idea era hacerla, pero:
- Las filas eran largas
- El acceso es pago (a partir de 2025 te incluyen todos los senderos en el precio)
- Y el cansancio ya empezaba a pesar
Decidimos dejar la decisión para más tarde.
Bajada al puerto y comienzo del “desorden organizado”
Lo primero fue bajar a la marina: barcos, colores y una de las postales más icónicas del viaje.
Desde ahí, empezamos a rodear el pueblo por un sendero que bordea el acantilado, con escaleras bastante exigentes que suben hacia la parte alta, donde está el Castello di Riomaggiore.
Hasta ahí, todo bien.
Después… empezó la aventura.
Perderse (literalmente) en Riomaggiore
El recorrido se volvió un laberinto de callecitas, miradores y caminos poco claros.
En un momento, una turista nos dijo: “sigan las flechas”.
Gran consejo… en teoría.
Terminamos saliendo a una calle más amplia, pero los mapas indicaban que había que desviarse nuevamente por una escalera bastante agreste, rodeada de vegetación.
Y ahí fue cuando nos perdimos de verdad.
Subimos por un viñedo, sin un camino claro, pasando entre alambres… hasta que, casi sin querer, llegamos a un mirador con una cruz.
Y ahí todo cobró sentido.
Nos sentamos a mirar el paisaje en silencio. Fue uno de los mejores momentos del día.
El castillo (aunque no del todo)
Nota importante: con el acceso a la Vía del Amore, tienes incluida la entrada al Castillo.
Pudimos entrar igualmente un poco a ver cómo era...
El castillo y la Chiesa di San Giovanni
Desde ahí bajamos por una calle mucho más clara y encantadora, con casas prolijas, faroles y ese aire típico italiano. Terminamos llegando a la Chiesa di San Giovanni Battista.
Dato útil:
👉 Esta parece ser la subida “normal” al castillo. Bastante más lógica que la que hicimos nosotros. Al costado hay un ascensor (pago, 1 euro), pero después de la subida que nos habíamos pegado… ya estábamos entrenados.
Comer como uruguayos en Italia
Seguimos recorriendo y paramos a comer en una trattoria local.
Elegimos lasaña. ¿Por qué? Porque tiene carne. Y siendo uruguayos… eso pesa en la decisión 😄
Aunque hay que admitirlo: los carbohidratos en Italia juegan en otra liga.
Plan frustrado (otra vez) y alternativa inesperada
Todavía quedaba pendiente la Via dell’Amore.
Pero entre que no habíamos reservado y que tiene cupo limitado… quedó descartada.
En su lugar, hicimos algo mejor de lo esperado:
Un sendero gratuito del otro lado del acantilado, cruzando literalmente las vías del tren.
Un recorrido menos conocido, muy lindo, que nos terminó conectando con zonas por donde ya habíamos pasado más temprano.
Cuando vimos que el camino empezaba a repetir recorrido (y con escaleras otra vez exigentes), decidimos volver.
Cierre del día y salida hacia Pisa
Fuimos a buscar el equipaje antes de que cerrara la consigna (detalle clave: horarios estrictos) y tomamos los trenes hacia nuestro siguiente destino: Pisa.
Tip final (de los que valen)
- ✔ Andá por calles principales si querés optimizar tiempo
- ✔ Pero si estás relajado… animate a perderte
Porque en Cinque Terre, muchas veces, las mejores vistas no están en el camino correcto.
Conclusión
- ✔ Priorizamos ubicación antes que precio en el alojamiento.
- ✔ Volveríamos a empezar por Monterosso
- ✔ Disfrutar de Vernazza al atardecer, es mágica cuando se van los turistas.
- ❌ No dependas del ferry para moverte entre pueblos.
Lo que volveríamos a hacer:
Lo que no