De Venecia a Milán — llegamos corriendo
Un viaje rápido de aproximadamente 1h30 nos dejó en la imponente Stazione Centrale di Milano. Enorme, casi intimidante, con ese estilo monumental que mezcla elegancia con cierta rigidez.
Atentos: Si pierdes el tren rápido, no puedes tomar el siguiente tren con el mismo. En los regionales sí puede pasar.
El pase 24hs: más fácil si sabés dónde buscarlo
Nos costó encontrar el punto de venta, que está afuera de la estación, en el subsuelo. A eso sumale que uno de nosotros se quedó con las valijas y el otro fue a buscarlo sin comunicación (eSIM en un solo teléfono). Nos desconectamos hasta que volvimos a encontrarnos. Nada grave, pero es el tipo de detalle que conviene tener en cuenta. Fue una de las lecciones aprendidas del viaje.
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El apartamento: parte de la estrategia
Teníamos reservado por Booking.com un apartamento a una cuadra y media de la Stazione Centrale. Puede sonar menor, pero no lo es. Entre valijas, tiempos justos y conexiones, dormir cerca de una estación importante no es un lujo: es estratégico. Especialmente cuando al día siguiente íbamos a salir temprano hacia el Lago di Como. El apartamento tenía lavadora y todos los utensilios de cocina — un gran plus cuando viajás varios días seguidos.
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El tranvía de Milán — parte de la identidad
Te compartimos nuestra experiencia en este video de YouTube.
No es solo moverse: es viajar en el tiempo, pero funcionando.
Desde el recorrido vimos, casi como una postal en movimiento, el famoso Bosco Verticale: dos torres cubiertas de vegetación. Representan esa otra cara de Milán — moderna, innovadora, un poco ambiciosa.
Arco della Pace y Castello Sforzesco
Cruzamos el Parco Sempione. El clima ameritaba a disfrutarlo más despacio, junto con la Torre Branca (mirador a más de 100m), pero teníamos la reserva para el Duomo de Milán poco tiempo después y simplemente lo recorrimos. El parque es amplio, verde, con ese aire necesario entre tanto movimiento urbano. Y de pronto aparece el Castello Sforzesco.
Un castillo enorme y muy bien conservado. Nos gustó mucho el reloj, los techos, las fosas y la arquitetura defensiva en general. Mención de destaque: la Torre del Filarete, y los patios interiores. No entramos — decisión consciente — pero lo recorrimos por fuera, que ya de por sí impone. Nos quedamos un rato en la fuente principal, dando una pausa y disfutando la vista hacia la Torre.
Nos encantó el ambiente que se vivía en toda esa zona.
La escultura L.O.V.E. — el "dedo" frente a la Bolsa
Continuamos el camino hacia el Duomo, nos desviamos unos metros hacia la derecha para visitar Bolsa de Milán. Allí la parada obligada es para ver la escultura L.O.V.E., de Maurizio Cattelan. Una mano blanca con todos los dedos cortados excepto el del medio, apuntando al cielo. Irónica, provocadora y muy italiana. Muchos la interpretan como una crítica al poder financiero; también tiene ese toque de humor incómodo que te hace pensar o al menos sonreír con complicidad.
Piazza Mercanti
El Duomo di Milano — el plato fuerte
Teníamos todo calculado: entrada con horario, subida en ascensor y atardecer en las terrazas. Porque sí, podés subir por escaleras… pero después de todo el día caminando, gastar energía ahí es una mala inversión.
Las terrazas no son solo un mirador. Son un recorrido. Avanzás entre agujas, esculturas, detalles constructivos imposibles… y ahí es donde entendés la dimensión de la obra. No es solo ver el Duomo: es meterte en él.
Las vistas de la ciudad son maravillosas también. Generan un hermoso contraste lo gótico con lo moderno.
Tengan presente que a la salida van a poder ver la Catedral por dentro, desde el pasillo de salida si, que no es lo mismo que hacer la visita total, pero al menos sepan que se pueden llevar una impresión de cómo es por dentro.
🎫 Imprescindible: reservar con tiempo y elegir horario de atardecer.
Galleria Vittorio Emanuele II, Starbucks y Navigli
El ritual del toro
Pasamos por la Galleria Vittorio Emanuele II con intención de hacer el clásico ritual del toro: girar sobre el talón en el mosaico del suelo. Estaba explotada de gente. Solución: mirar a otros girar, todo un espectáculo.
Starbucks Reserve Roastery Milano
En vez de la confitería histórica del primer piso de la Galleria (precios altos + mucha gente), terminamos en el Starbucks Reserve Roastery. No es un Starbucks cualquiera: es una experiencia montada alrededor del café — tostado, molienda, preparación, todo a la vista. Funciona en el ex edificio de Correos: Palazzo delle Poste, un edificio impactante por sus dimensiones. Puedes ver la fabricación del café en máquinas gigantes. Lamentablemente cuando fuimos estaba en mantenimiento y no funcionaba, eso sí, las máquinas se veían.
Cena en Navigli
Nos fuimos hacia los Navigli, la zona de canales diseñados por Leonardo Da Vinci. Acá aparece otro Milán: más social, más nocturno. La idea era probar el famoso "happy hour" con buffet incluido. En el bar Spritz, por 15 euros te daban un trago y picada libre. Sonaba bien.
Lago di Como desde Milán — fuimos igual
La noche fue complicada. Muy complicada. Y a la mañana siguiente, con el cuerpo en modo abandono total, tocaba decidir: ¿cancelar o seguir?
"Si me voy a sentir mal, prefiero sentirme mal en el Lago di Como que en un apartamento". Así que corrimos, compramos los pasajes por Omio mientras caminábamos y subimos al tren a Varenna justo antes de que cerrara.
Alternativas: Hacemos una pausa en este relato para comentarles que durante la planificación teníamos 2 alternativas este día: ir al Lago di Como o hacer el Cruce a Suiza con el Bernina Express. Para lo segundo, era una aventura muy desafiante y considerando cómo veníamos lo dejamos de lado, pero seguramente lo realizaremos en el próximo viaje a Europa.
Corrimos. Literalmente. Gerardo comprando los pasajes por Omio mientras caminabamos. Llegamos a la Stazione Centrale y nos encontramos con grandes colas para poder pasar a los andenes. Mostramos como pudimos la compra al vigilante y entramos como desesperados hacia el correspondiente tren. El tren cerró sus puertas 2 segundos antes que llegáramos a la primer purerta... Ante la desesperación, atinamos a tocar el botón verde de la puerta y mágicamente se abrió. El tren: lleno de verdad. Gente parada, apretada, sin espacio. Un viaje de una hora parados hasta Varenna.
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Unos chicos cedieron un escalón — detalle humano que cambia todo. Charlamos con una chica portuguesa de paso, intercambiando historias de viaje. Ese tipo de conversaciones espontáneas que no planificás pero terminan sumando.
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Varenna — uno de los pueblos más bellos del Lago di Como
Varenna es uno de los pueblos más bellos del Lago di Como. Y valió cada minuto del viaje complicado.
Al llegar, había una gran fila para comprar el barco que lleva de pueblo en pueblo por los paisajes del lago. Preferimos aprovechar el día completo en Varenna sin perder tiempo en filas ni esperas.
Villa Monasterio
El punto final del recorrido costero: la Villa Monasterio. Recomendamos comprar la entrada. Los jardines y las vistas desde adentro son soñados. Vale completamente.
Recomendamos ampliamente tomarse un café en la cafetería de esta Villa, bien sobre el lago. Vistas increíbles y un descanso necesario.
Como no estábamos del todo bien, bajamos un cambio y recorrimos con calma. Sin ferry, sin prisas. Plan alternativo: caminar, ver, sentir el lugar. Pasamos una tarde maravillosa.
Retornamos a media tarde — al otro día salíamos hacia Cinqueterre. Compramos el billete de tren por Omio ni bien llegamos a la estación.
Cenamos en el Mercato Centrale, allí mismo, lo recomendamos.
Milán → Cinqueterre: sin escalas
El tercer día salimos en el primer tren disponible directo a Monterosso al Mare, comprando con Omio con el tiempo justo — como siempre. El plan era comenzar en Monterosso, ver el Gigante (la famosa escultura de roca en la playa) y luego trasladarse a Riomaggiore, donde teníamos el alojamiento.
La idea era ir en barco entre pueblos… pero el estado del mar no lo permitió. Paseamos por Monterosso y tomamos el tren a Riomaggiore.
Pero esa ya es otra historia.